Las infecciones necrotizantes de tejidos blandos (INTB) representan una entidad poco frecuente de infección, pero son una importante fuente de morbilidad y mortalidad (1,2). Tienden a ocurrir en huéspedes inmuno-comprometidos, con enfermedades degenerativas y debilitantes, como diabetes o enfermedad vascular, con neoplasias, o en pacientes que han sufrido trauma o han sido sometidos a operaciones sobre el tracto gastrointestinal y genital. Sin embargo, también se presentan en personas sin antecedentes patológicos con trauma mínimo abierto o trauma por contusión, después de inyectables, o aún después de operaciones limpias.